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Estudiar en el extranjero: ¿qué ayudas públicas hay?

Casi todos los niveles educativos cuentan con becas y programas que permiten a los estudiantes vivir durante un tiempo fuera de casa y recibir clases en otras instituciones. Aprender otras lenguas, enriquecerse de los modelos educativos y la cultura de otros países son experiencias importantes que sirven para crear buenos profesionales capaces de adaptarse a cualquier circunstancia que se encuentren en el futuro.

La mayoría de estas ayudas vieron la luz con la Unión Europea. Las instituciones comunitarias se han encargado de hacer más accesible la educación fuera del propio país fomentando la movilidad de los estudiantes entre los miembros de la Unión. Para ello, se elaboró el Programa de Aprendizaje Permanente (PAP), que abarca desde los primeros años de escolarización hasta la madurez y que ha comenzado una nueva organización en 2007. El PAP agrupa cuatro iniciativas.

La primera posibilidad para estudiar fuera es acogiéndose al plan Comenius. Tanto alumnos de secundaria o de Grado Superior como profesores de colegios e institutos pueden solicitarlo de forma individual. Se puede pasar un curso escolar en otro centro educativo, que también pueden disponer de la plataforma gratuita E-Twinning que permite el intercambio de ideas o la creación de proyectos en común a través de las nuevas tecnologías.

El plan Comenius se convoca anualmente para alumnos de distintas edades que participen en actividades relacionadas con la educación y el europeísmo. Económicamente, puede significar el pago del alojamiento y la manutención, la matrícula del curso, los viajes o la preparación para dominar la lengua del país de destino.

Una vez llegados al nivel universitario o a los Ciclos de Grado Superior, se está dentro del programa Erasmus. Además de dar la oportunidad de estudiar en otras universidades de tres meses a un curso escolar completo, pueden realizarse prácticas en empresas. Por otra parte, la beca financia también formación para ponerse al día o empezar a manejar desde cero el idioma en el que se van a cursar los estudios. Un curso en cualquiera de los países de la Unión Europea se convalida en la universidad de origen.

Más centrados en la experiencia que da trabajar para empresas, el programa Leonardo da Vinci está pensado para los jóvenes que ya han terminado su formación profesional o la carrera universitaria, parados e, incluso, profesores desde los 18 hasta los 35 años.

Asimismo, los alumnos y el personal dedicado a la formación de adultos pueden beneficiarse del programa Grundtving. Por último, los docentes tienen posibilidad de intercambiar información para, luego, aplicarla en sus métodos de enseñanza.

Saliendo del ámbito de la Unión Europea, el Estado español también subvenciona varios programas para aprender idiomas dentro y fuera del país. Inglés, francés o alemán, en un periodo máximo un mes.

Aparte de lo que ofrecen los organismos públicos, se puede solicitar ayuda privada. Los gastos relacionados con los estudios serían cubiertos por bancos y otras organizaciones de fondos privados. Algunos ejemplos son las becas Argo, Faro o del Santander. En cualquier institución educativa se puede obtener la información necesaria para solicitar alguna de estas becas.

Fondos de inversión éticos

Obtener rentabilidad no está reñido con preocuparse por el medio ambiente o el respeto hacia las personas. El tópico de que para ganar dinero hay que dejar la ética de lado es, cada vez más, un tópico. Al igual que existen bancos éticos, el inversor puede poner a trabajar su dinero en fondos de inversión éticos.

Se trata de fondos de inversión que fijan su política bajo el prisma de criterios respetuosos con, por ejemplo el medio ambiente. El ecologismo se ha instaurado no solo en el día a día con la necesidad de concienciar sobre el cuidado del planeta, sino también con fondos de inversión específicos que se fijan en proyectos respetuosos con el medio ambiente, empresas que cumplen con los criterios de sostenibilidad y actividades que no dañan la naturaleza, sino que contribuyen a su mantenimiento.

Dentro de los fondos éticos, también se puede encontrar aquellos que aplican criterios de exclusión, es decir, que se alejan de las empresas vinculadas a los juegos de azar, a las apuestas, a la fabricación de bebidas alcohólicas y tabaco o a aquellas que tienen relación con la industria armamentística o la energía nuclear.

De igual forma, también se alejan de lo que tenga que ver, por ejemplo, con el mundo de la pornografía. Así que nada de invertir en Playboy, que, aunque no se considere pornografía como tal, sí es una revista erotica que cotiza en Wall Street. Todo depende de lo que el inversor quiera priorizar como criterio puesto que el funcionamiento intrínseco del fondo es exactamente igual a cualquier otro.

El origen de los fondos éticos de inversión está en Estados Unidos, cuando algunos clientes querían priorizar la rentabilidad social frente a la monetaria de cara a sacar partido a sus ahorros. Así las cosas, comenzaron a hacer boicot a empresas que habían participado en la guerra de Vietnam y decidieron negarse a que sus ahorros fueran a parar a esas compañías vinculadas con el conflicto.

En España, el primer fondo de inversión de estas características nace a finales de la década de los 90 y su rentabilidad ha sido variada. Por ejemplo, en 2011, el Microbank Fondo Ético perdió más de un 8%, pero, en 2012, su rentabilidad superó el 9%. A finales de octubre de 2013, suma más de un 7%. El año en que fue creado el BMN Ético y Solidario (en 2009) se revalorizó más de un 16%; después de tres años de pérdidas, en 2013 su rentabilidad, a cierre de octubre, es de casi un 11%.

Incluso existen fondos de inversión que atienden a criterios religiosos. Así, los creyentes cristianos se fijan en empresas que sigan los preceptos de la iglesia y evitan, por ejemplo, invertir en farmacéuticas que fabriquen anticonceptivos. También quienes profesan la religión musulmana pueden invertir en fondos respetuosos con sus creencias, tales como evitar compañías que distribuyen carne de cerdo o alcohol.

En cualquier caso, se demuestra que el inversor puede ser coherente con sus propias creencias o su forma de ver la vida a la hora de elegir un fondo de inversión. De momento, no son productos que tengan una cuota de mercado muy significativa en nuestro país, pero también es cierto que la crisis ha provocado que los ahorradores elijan perfiles de inversión mayoritariamente más conservadores. Hay productos que permiten invertir en proyectos éticos y, además, revirtiendo rentabilidad. Está demostrado que quien quiere, puede hacerlo.

Forbes: la autoridad en los rankings

Los ojos del mundo siguen sus publicaciones con atención y curiosidad. Se trata de Forbes, la revista económico-financiera especializada en publicar rankings, tanto del área empresarial, como de las personas más ricas, poderosas e influyentes del planeta.

Que Carlos Slim es el hombre más rico del mundo o que Ángela Merkel es la mujer más poderosa… Estos son datos que son replicados como pan caliente en los telediarios, la red y, prácticamente, en todos los medios de comunicación y que, incluso, generan debate y opinión pública. Precisamente, esta popularidad ha convertido a la revista no sólo en un referente de información en los temas de rankings de riqueza y poder, sino en líder y autoridad indiscutible en el tema.

En efecto, desde hace 26 años, la revista fundada en 1917 por el economista financiero escocés B.C. Forbes ha sabido cubrir todos los frentes para que todo tipo de público, de una u otra forma, se interese por conocer los famosos listados. Algunos de sus rankings más populares son Forbes 400 que recoge a las 400 personas más ricas en Estados Unidos; Forbes 500, en referencia a las 500 empresas más grandes de Estados Unidos, y una larga relación donde se detallan las personas más ricas del mundo, las celebridades más ricas del mundo, las mujeres más poderosas del mundo, las celebridades más influyentes, los 20 menores de 25: jóvenes, ricos y famosos, las personas más ricas de España o los deportistas mejor pagados del mundo.

Evidentemente, no cualquiera es tenido en cuenta en un listado de Forbes. Para entrar, el principal requisito es tener una fortuna mínima de mil millones de dólares. Ya en cuestiones de clasificación, la revista tiene en consideración la cantidad neta de la fortuna, cómo se logró (por ejemplo, si fue conseguida a partir del trabajo o si fue heredada), el tipo de negocio con el que se ha conseguido la riqueza y, en segunda instancia, el lugar de residencia y la nacionalidad.

Aunque parezca un asunto trivial, los resultados de la revista despiertan en muchos de los enlistados algún que otro descontento. Este ha sido el caso de Alwaleed Bin Talal, un príncipe saudí que, este año, manifestó su enfado por el listado de los hombres más ricos del mundo. Según considera el magnate, el lugar 26 que ocupaba no correspondía con su nivel de riqueza, así que emitió un comunicado donde cuestionaba los criterios de la revista y decidió romper su relación con ella. Como era de esperar, la revista aprovechó para dedicarle un artículo donde criticaba la opulencia y egocentrismo del príncipe.

A pesar de que la revista ofrece diversa información sobre la economía y el sector financiero, es prácticamente conocida y posicionada enteramente gracias a sus listas. Listas no ajenas a las criticas, porque rankings como los diez personajes de ficción más ricos o los muertos más ricos del mundo son calificados por algunos como información light, inútil o que aporta poco valor. Aun así, el mercado demuestra que le atraen las comparativas y escalafones que ofrece Forbes, tal vez porque apela al espíritu de competencia que las personas llevan dentro o por una simple cuestión de curiosidad.

Francia, ¿la nueva víctima de la crisis?

“Cada vez está más claro que el verdadero problema de Europa es Francia”. Esta fue la categórica frase del economista alemán Holger Schmieding y que enmarca el álgido punto de incertidumbre sobre el futuro de la economía francesa. El inminente interrogante es si se convertirá en la próxima víctima de la crisis.

La reputación de la economía francesa afronta momentos difíciles. El detonante ha sido la rebaja de su calificación financiera emitida por Standard & Poor’s (de AA+ a AA). Una decisión sustentada en la capacidad del gobierno para sanear las finanzas públicas y cuyas posibilidades de actuación se ven limitadas por un débil crecimiento económico. Pero además de este duro golpe, la publicación de las previsiones presupuestarias de la Comisión Europea, previas a la decisión de S&P, fueron más pesimistas que las del propio gobierno francés.

Por su parte, los grandes bancos galos no obtuvieron modificaciones en las calificaciones porque, desde la agencia, se considera que el gobierno continuaría apoyando a estas instituciones en caso de una crisis financiera. Aun así, desde la administración, se dejaron sentir reacciones que tildaban la evaluación de injusta.

A la gestión de François Hollande, se le critica el aumento del endeudamiento del país, el crecimiento acelerado de los índices de pobreza y la falta de recortes en los déficits y el gasto, lo que precisa reformas de peso que, hasta el momento, no se han efectuado.

Frente a esto, S&P le ha manifestado a Francia que, para subir su nota, tendrá que demostrar mejorías en la competitividad o una disminución de su deuda por debajo del 80% de su Producto Interno Bruto (PIB), lo que implica una alta complejidad porque el ratio se aproxima a un 95% hoy en día.

Aunque esta nueva calificación ocupa el tercer lugar dentro de las más altas de S&P, una disminución tiene unas altas repercusiones para la economía nacional e internacional. El temor generalizado es que su prima de riesgo llegue a dispararse, situación que, indiscutiblemente, haría temblar la economía de la zona euro.

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